Trapeador
Pasillos vacíos
Un profesor, un hombre guapo, pasó junto a ella mientras empujaba un bote de basura con ruedas, un trapeador y un letrero amarillo que decía: "Cuidado, piso mojado." El le sonrió y ella le devolvió la sonrisa. Luego desapareció. Ella regresó y empezó a trapear y a contar su historia, hablando a los pasillos vacíos.
"Mi hijo tiene quince, ojos morenos. Puedo oler su piel. Es como el olor de las aceitunas. La de su padre es como cuero y ríos, montañas. El es mi puma. Los rebeldes se los llevaron a los dos, detuvieron su carro en un camino oscuro y vacío, les pusieron capuchas en la cabeza, los tiraron al río con piedras atadas a los pies. Por que? Porque trataron de proteger a la comunidad. Le dijeron a la policía quien violo a mi prima. Mi olivo, mi puma, rodeados de aguas furiosas y piedras. No se nadar, así que corrí. Corrí. Y aquí estoy, Toledo. No es un mal lugar. La gente es amable. Los inviernos son fríos. Tuve que pagar todos los ahorros de mi vida a agentes para que me sacaran de mi país. Casi morimos en la parte trasera de un trailer empacados con cajas de zapatos."
El profesor pasa de nuevo, aclarándose la garganta. Le sonrie. Ella le devuelve la sonrisa.
"Quizás ese es mi puma. Ha vuelto del río."
Ella empieza a bailar y a silbar, riéndose un poco.
A story by Pemba Umoja