Abandonar el banco
Qué ocurre cuando vislumbras otro mundo
Era muy divertido jugar con el banco. Cada día el sol centelleaba e íbamos a comer huevos de las rocas.
Un día, toda el agua ante nosotros quedó cubierta por un extraño objeto protuberante y el agua se agitó como si hubiera una gran tormenta.
Una extraña criatura apareció de la nada sosteniendo un alimento curiosamente delicioso. Parecía, de algún modo, llegar desde arriba—desde otro mundo.
La criatura desmenuzó aquel maravilloso alimento en pequeños y deliciosos trozos. Era un sabor que nunca antes había experimentado. Mejor que los huevos que comíamos cada día.
Todos nosotros nos precipitamos en un frenesí para agarrar tanto como pudimos.
Los largos y extraños apéndices de la criatura sostenían los bocados entre sus zarpas con forma de pinza.
Y allí estaba. El trozo más grande y suculento de todos, entre las largas y delgadas pinzas.
Nadé rápida y agresivamente para reclamar el bocado como mío.
De repente, las extrañas zarpas me agarraron. Estaba atrapado, luego fui elevado a lo alto de los cielos. Ya no podía respirar. Apenas ver. Estaba solo.
Mi piel empezó a hormiguear. Hubo una luz brillante.
Me retorcí y me retorcí y me retorcí, intentando con todas mis fuerzas liberarme del agarre de la criatura.
Y en un instante que siempre quedará grabado en mi mente, escapé de las prietas pinzas, caí a través de un vacío. Todo fue borroso. Y entonces, allí estaba de nuevo, entre el banco. Iban de camino a comer huevos junto a las rocas.
Me uní a ellos felizmente.
No quise volver a probar comidas exóticas nunca más. No quise volver a ver aquel objeto protuberante que trajo una tormenta a nuestro mundo. Me prometí a mí mismo que me iría muy, muy lejos si volvía a ver las extrañas pinzas de la criatura.
Pero ¿y la comida? ¿La olvidaré alguna vez?
El banco me preguntó si estaba bien. No estaba seguro.
¿Adónde había ido? ¿Había visto a Dios? ¿A un extraterrestre?
Los demás empezaron a tratarme de forma diferente. Incluso a venerarme. Yo había estado arriba.
Me habían visto abandonar nuestro mundo y regresar.
Quería volver a ser como ellos, pero ya nunca podría.
Mis ojos se habían abierto a un universo completamente nuevo.
Siempre sería diferente.
A story by Pemba Umoja