Helado
Un Sabor para Toda la Vida
—Voy a casarme con Kerubo —le dijo el joven a su padre.
—Es maravilloso, hijo. Vamos a tomar un helado.
Caminaron hasta la nueva heladería que acababa de abrir en el pueblo. Todo el mundo hablaba de sus creativos sabores: mango y coco, plátano y canela… La lista era interminable.
A medida que se acercaban a la heladería, los ojos de padre e hijo se abrieron como platos. El corazón se les aceleró.
—Y bien, hijo —dijo el padre—, ¿qué sabor quieres? Invito yo. Pero solo puedes elegir uno.
—¿Solo un sabor? —exclamó el hijo—. ¡Este lugar es famoso por tener los sabores más exquisitos!
El padre le puso la mano en el hombro a su hijo.
—Hijo, cuando te casas, eliges tener una sola mujer para el resto de tu vida.
—Pero, padre, ¿qué tiene que ver eso con el helado?
—Un solo sabor, hijo. Es todo lo que puedes tener.
Sé que es una gran decisión, hijo. Debes estar seguro de que estás preparado para ella.
El hijo examinó con la mirada todos los sabores más llamativos.
—Fresa —respondió.
—Siempre ha sido mi favorito, y siempre lo será. Igual que Kerubo.
Su padre sonrió.
—Puede que de verdad estés listo, hijo.
Se volvió hacia el heladero.
—Dos de fresa, por favor.
A story by Pemba Umoja